Los Fundamentos del Materialismo Dialéctico en la Educación (3/3)

08.12.2018 14:52

Los Fundamentos del Materialismo Dialéctico

en la Educación (3/3).

(contra los intentos de usurpación de la teoría

tergiversando la educación científica)

Luis Ignacio Hernández Iriberri.

https://dimensionalidad,webnode.mx/

(29 nov 18)

 

 

    La "Pedagogía Crítica" y la teoría de la trascendentalidad.

 

                            Las propuestas directas del Estado con fundamentos filosófico-pedagógicos en el pragmatismo, ya del “Modelo Dual” el cual opera para la educación superior como una capacitación para el trabajo, ya de lo que en abstracto y sin más detalles ha llamado el “Nuevo Modelo Educativo”, que quizá se refiera al mismo “Modelo Dual” en su fase preparatoria en la educación básica, en esa filosofía del pragmatismo, por definición, omite la consideración de todo planteamiento no sólo dialéctico materialista, sino de todo planteamiento teórico en general, por lo que evidentemente se excluyen aquí en tanto no se asumen como propuestas marxistas.

 

                            Pero en el ámbito educativo de la educación básica, figura con cierta intensidad la propuesta de la llamada “Pedagogía Crítica”, que enfáticamente se asume como una propuesta “marxista”, y, en consecuencia, tiene que examinarse confrontándose, no con la propuesta del “Educador Popular”, sino con los fundamentos de la dialéctica materialista.

 

                            En este caso, el docente de la propuesta de la “Pedagogía Crítica” según los fundamentos filosófico-pedagógicos dela misma: 1) parte del reconocimiento de la materialidad del mundo; 2) reconoce que de la actividad sensorial del sujeto con el mundo material, se forma en éste, a decir de la “Pedagogía Crítica”, el “conocimiento de la experiencia”; 3) dicho “conocimiento de la experiencia” inicial (no se dice explícitamente que sea  como consecuencia del reflejo, pero bien podría suponerse tanto como conocimiento empírico, como reflejo), “media” el conocimiento posterior; es decir, lo “filtra”, lo “transforma” o “modifica”; 4) el conocimiento nuevo se da a partir de ese “conocimiento de la experiencia” como conocimiento “mediado” o deformado, confundido (alienado), que luego se “trasciende” a la realidad (es llevado de la cabeza del sujeto al mundo de los objetos materiales a manera de la “razón pura” de Kant), y respecto de la cual se confrontan los objetos de la realidad para reconocer en ellos las ideas dando así el conocimiento propio; y, 5) ese conocimiento propio nuevo, en tanto que “mediado” por el “conocimiento de la experiencia” y que por lo tanto reconoce confusamente el objeto de conocimiento, para depurarlo y conocerlo de manera acertada, el mismo debe ser sometido a “cuestionamiento”, es decir, poniendo en entredicho el conocimiento alienado, de modo que se le descubra en lo que realmente es.

 

                            En este planteamiento nada se dice acerca de una diferenciación entre el conocimiento empírico, de lo concreto; y el conocimiento teórico o racional, de lo abstracto; como tampoco nada se explicita sobre los procedimientos lógicos, la capacidad de la previsión científica, o la transformación del mundo; pero aquí ya no conviene dar nada por supuesto, sino hacer su análisis crítico.

 

                            Por lo que se refiere a la “Pedagogía del Educador Popular”, en su documento teórico se explicita plenamente coincidente con los diez fundamentos de la dialéctica materialista que hemos tomado como referencia en comparación, y por lo que podemos afirmar, por lo menos en lo que al planteamiento teórico se refiere y siempre perfectible, que la “Pedagogía del Educador Popular”, es una teoría marxista de la educación.

 

                            Otra cosa es lo que hay qué decir de la “Pedagogía Crítica”.  De pronto pareciera asumir los fundamentos del materialismo dialéctico; reconoce la existencia de un mundo material fuera del pensamiento, y reconoce, por lo menos en un inicio del proceso, el conocimiento como el reflejo de la actividad sensorial del sujeto, pero hasta ahí; el resto es una tergiversación de los fundamentos del materialismo dialéctico y una distorsión total de su teoría del conocimiento, de tal modo, que la “Pedagogía Crítica” se hace en esencia, agnóstica, esto es, una negación a la posibilidad del conocimiento de la esencia de la realidad.

 

                            A este proceso inicial del conocimiento (la etapa del conocimiento empírico), la “Pedagogía Crítica”, hemos dicho, le denomina en su conjunto como “conocimiento de la experiencia”, y éste, aun cuando con una base materialista como lo expone la “Pedagogía Crítica”, es equivalente al metafísico “conocimiento innato” de Descartes, o a la idealista subjetiva “razón pura” de Kant (o el “conocimiento previo” del constructivismo); es decir, un conocimiento (o razón) de referencia, que “trascendido” a la realidad, sirve como medio de comparación en el reconocimiento de las ideas con los objetos de la realidad, para el conocimiento nuevo; además, con una peculiaridad: este “conocimiento de la experiencia” está “mediado”, “filtrado”, “alterado”, de modo que da un conocimiento nuevo confuso (alienado), que el sujeto debe cuestionar para convertirlo en conocimiento acertado.

 

                            Así, el “conocimiento de la experiencia” no se procesa en el cerebro del sujeto en forma lógica hipotético-deductiva, como así ocurre en la teoría del conocimiento materialista dialéctico, sino que como conocimiento, como razón o criterio (y de este término, el de “criticismo”, con el que a su vez se reconoce la “trascendencia” del conocimiento en la filosofía de Kant), sirve como recurso de comparación “mediado” o confuso de las ideas, con los objetos de la realidad; y es aquí donde ocurre el agnosticismo: el sujeto, en el círculo vicioso del conocimiento mediado, jamás acaba de comprender la realidad en su esencia.  Un “conocimiento de la experiencia mediado”, no permite, por esa comparación de las ideas con los objetos, un conocimiento más acabado y esencial de la realidad.  De ahí que en la “Pedagogía Crítica” se diga entonces, que el sujeto tiene que “cuestionar” la realidad; pero donde el problema radica ahora, en cómo el sujeto puede hacer ello a partir de un “conocimiento mediado”.  ¿En qué momento, y sobre todo cómo, el sujeto puede romper esa mediación y puede “cuestionar”, conociendo más esencialmente la realidad?  Se crea entonces ese círculo vicioso que hace el agnosticismo.  Nada de esto, pues, tiene qué ver con el materialismo dialéctico.  Decir que eso es marxismo, es tergiversarlo deliberada y descaradamente, con no más fin, que confundir al proletariado, despojarlo del conocimiento científico y desarmarlo de su herramienta más poderosa para transformar el mundo: el método de la ciencia.

 

                            La “Pedagogía Crítica”, pues, no es marxista, no porque lo diga nadie, sino simplemente porque no se apega a los principios del materialismo dialéctico ni reproduce su teoría del conocimiento (por más que “cuestione” lo más ferozmente que quiera al capitalismo).  La “Pedagogía Crítica” resulta ser de fundamentos berkeleyano-kantianos en una especie de “empirocriticismo” en general, e incluso “empiromonismo” en particular (en “un guisado más”, diría Lenin, del berkeleyismo) con soluciones “posmodernas”.

 

                            La “Pedagogía Crítica”, entonces, es una usurpación de la teoría marxista de la educación, con la falsa bandera de decirse “marxista” con un discurso rabioso y grandilocuente contra “la dominación”, contra “la escuela como socialización de la aceptación”, contra la “colonización cultural”, etc, etc; lo esencial, el conocimiento científico con el método de la ciencia de la modernidad, se abandona.

 

                            El verdadero marxismo, , el que se expone en la aplicación de la dialéctica materialista, no hace ningún tipo de concesión a las posiciones idealistas filosóficas.  Es inaceptable el pensamiento dualista por el que se pretende que hay un mundo sobrenatural tan real como el mundo material que nos rodea; es inaceptable ceder al subjetivismo, que relativiza y anula el conocimiento objetivo verdadero; ese conocimiento se obtiene exclusivamente por el reflejo objetivo de la realidad objetiva y el procedimiento hipotético-deductivo, y no por ningún otro “genial” malabarismo de conceptos; y reflejo objetivo y método hipotético deductivo por los cuales es posible conocer la esencia de la realidad, rechazando que en ello haya dotes especiales de “genialidad” o “audacia” para poder “cuestionar” el “conocimiento de la experiencia” confuso de la realidad; no es por el “arte” de “cuestionamiento” alguno, sino por el reconocimiento del movimiento del mundo que nos rodea y el análisis de las contradicciones dialécticas que genera ese movimiento, por lo que se va a la esencia de las cosas; se rechaza ese intelectualismo que sosteniendo que existe un mundo “indeterminista” (sin causalidad), pretende relativizar y subjetivar el conocimiento, en donde, careciendo de la determinaci´n causal, se pierde capacidad de la previsión científica y de la transformación del mundo.

 

                            El marxismo y su fundamento filosófico dialéctico materialista, es sólo uno: el dado en sus autores originales, Marx, Engels y Lenin (los únicos verdaderos “grandes marxistas”); más allá de ellos (incluida la misma antigua Academia de Ciencias de la URSS), lo que se da, es una ampliación del pensamiento marxista en diversas posibles interpretaciones (desde la correcta, la que fuese, hasta las tendencias tergiversadoras), dados distintos intereses ideológicos y de clase social.  Lo único que dicta qué es realmente el marxismo o no, si acaso en qué medida lo es, es la corroboración en la práctica histórico-social de sus fundamentos esenciales: la dialéctica materialista.