La Geografía: de Sierva del Imperio, a Sierva del Clero.

20.02.2016 17:09

La Geografía: de Sierva del Imperio,

a Sierva del Clero.

Luis Ignacio Hernández Iriberri

7 ene 2010.

 

                                               Cuando Estrabón (60 ane a 21 dne) al inicio de nuestra era, afirmaba por consigna en su “Geografía”, que “la mayor parte de la geografía está referida a la vida y a las necesidades del orden de gobierno”1; y que “por ello los geógrafos no tienen por qué preocuparse de aquello que está fuera del mundo habitado”2; cuando desde los mapas de las Tablillas de Barro de Babilonia, sin necesidad de consigna ideológica, social, o política alguna ya se mostraba esas utilidades de la Geografía, y el mapa de Anaximandro mostraba que el mundo entero conocido estaba habitado por todos lados; lo que Estrabón hacía con ese énfasis bajo la pax romana, era poner a la Geografía como demagógica sierva del Imperio.

 

                                               Diremos, en la figura literaria de Pablo González Casanova, Estrabón convertía a la Geografía en la Agar de Sara, hecha esta última egoístas intereses idelógico-políticos de la dinastía julio-claudia, en el lapso de Augusto y Tiberio, que normalizaba el Imperio tras la derrota de la República en que Estrabón vivió durante su juventud.

 

                                               Pero cuando dos siglos después Constantino “oficializa” el cristianismo, no sólo la Geografía, sino el Imperio mismo, comienzan a quedar en servidumbre a los intereses idelógico-políticos de la religión; y el resultado final en el conocimiento del objeto de estudio de la Geografía, el espacio terrestre, fueron los mapas conocidos como de “T en O”: el forzar subjetivamente la distribución de mares y continentes a la imagen de la aureola y de la cruz cristiana.

 

                                               Para entonces, ya no sólo el Imperio, sino el saber geográfico mismo sumidos en el vasallaje ideológico-político, se habían perdido.  Sólo la geografía árabe, igualmente sierva de la teocracia, pero en un surgente nuevo imperio, aportó apenas un conocimiento geográfico un poco más científico, pero muy lejano aún, del alcanzado por los griegos.

 

                                               Los árabes, no obstante traducir a Ptolomeo en el siglo VIII, omitieron y fueron ajenos a la abstracción de la geometría griega que, como posteriormente lo demostró Colón, permitía la navegación de altura; de ahí que los árabes sólo navegaron en lo concreto del cabotaje puerto a puerto, primero estimando, y luego, ya con la brújula, siguiendo la noción de rumbo y distancia según el tiempo de recorrido, con lo cual se formaron las llamadas, por ello, Cartas Portulanas, entre los siglos XIV, a bien entrado aún el siglo XVI.

 

                                               Las Cartas Portulanas no podrían levantarse sino a condición del uso de la brújula, la cual, precisamente, fue llevada desde China a Europa por los Polo a fines del siglo XIII.  Así, la primera Carta Portulana data de 1300, y ese fue el instrumento para el conocimiento del espacio terrestre por poco más de siglo y medio, hasta la aparición de la primera carta renacentista; la trapezoidal de Nicolás Germano de 1466, que también elabora Toscanelli entre 1476 y 1482; con lo que se volvía a la idea de la cartografía proyectiva de los antiguos griegos, liberándose finalmente a la Geografía de toda servidumbre ideológico-política.  Aún entre ese último año de 1482 y hasta 1589, por todo un siglo más, las Cartas Portulanas se mezclaron con la cartografía proyectiva desde los hermanos Nicolás y Marcelo Germano, Toscanelli (1397-1482), Apiano (1495-1552), Ribero (14??-1533), Mercator (1512-1594), Ortelio (1527-1598), y Hondio (1594-1629).

 

                                               La Geografía, nuevamente con todo un contenido científico, junto con toda la ciencia renacentista que inauguraba la Época Moderna, volvía a ser parte de la guía del desarrollo objetivo, económico, social, político e ideológico de la sociedad.  La burguesía progresista que iniciaba el sistema capitalista, no “ideologizó” ni “politizó” la ciencia, no tenía necesidad de ello; por el contrario, fundó sus acciones ideológicas y políticas guiándose por los desarrollos de la ciencia y de la técnica.  Esto es, que la ciencia por sí sola, en su libre expresión, sin “consigna” idelógica o política alguna, fue suficiente para combatir la escolática y el oscurantismo medieval.  Y así, el proceso del conocimiento del espacio terrestre, volvió a ser a partir de sus condiciones objetivas.

 

                                               Pero cinco siglos después, esa burguesía es otra, de hecho su opuesto.  Ahora todo cambio perturba la estabilidad de sus privilegios, el progreso le abruma, y hoy es ella misma el principal obstáculo al desarrollo.  Esa burguesía, hoy conservadora, es la más interesada en propalar una nueva edad oscurantista, promoviendo, en lo general, la ideología del llamado “posmodernismo”; y en lo particular de la Geografía, en volver, una y otra vez, a los postulados de Estrabón.

 

 


1       Estrabón; Geografía, Prolegómenos; Aguilar; Madrid, 1980; p.18.

2       Ibid. p.18.