Geografía y Tecnología

19.03.2015 13:54

Geografía y Tecnología

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

http/dimensionalidad.webnode.mx/,

septiembre, 2009.

 

                                               El conocimiento científico no llega por “genialidad” de ninguna especie, como resultado de “buenas ideas”; no es producto de la arbitrariedad intuitiva, y mucho menos de “acto de revelación” alguno.  El conocimiento científico es resultado de un trabajo paciente, ordenado y sistemático, por lo tanto, que se apega a un método.  Y en ese trabajo metódico, referido a ciertos protocolos de investigación y en función de la naturaleza del objeto de estudio, nos impondrá y obligará al desarrollo de cierto instrumental específico, propio a la indagación del mismo.

 

                                               La tecnología en Geografía no es algo que nos venga dado de otros campos del conocimiento, si bien la afinidad entre las ciencias lo facilita.  Más aún, en su origen, fue la Geografía la proveedora de ese instrumental que contribuyó al desarrollo de otras ciencias, como la Cosmografía y Astronomía, o la Topografía y Geodesia.  Luego el proceso ha sido dialéctico, compartiéndose entre todas ellas el instrumental estudiando las facetas diferentes de una realidad muy próxima en común.

 

                                               En la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía, quien tendía a especializarse en este tema, fue el compañero Elios Salgado Herrera, de cuyas valiosas contribuciones ya tendremos oportunidad de comentar in extenso, no obstante el escaso material que haya quedado (a reserva de que pudiésemos volver a contactar y continuar aportando).

 

                                            Pero, ciertamente, desentrañar este punto, volver a ser conscientes de nuestro propio instrumental, reapropiárnoslo en función de entender claramente la naturaleza de nuestro objeto de estudio, es algo que contribuirá enormemente a nuestra propia identidad profesional (algo irremediablemente perdido en la interpretación fenomenista de la Geografía, en donde todo nos parece venido de todas partes y  donde nada de ello nos es propio).

 

                                               Había un ejercicio que solía hacer con los estudiantes de alguna materia de Geografía a fin de que, inductivamente, a partir del caso particular del instrumental, entendieran el caso general de la naturaleza del objeto de estudio de la Geografía.  Y entonces les pedía que me explicaran que dibujo harían para representar cada una de otras ciencias: la Matemática, la Astronomía, la Física, la Química, la Biología; e incluso las ciencias sociales como la Antropología, la Historia, la Economía, la Sociología y la Política.  Bastaba que se recordara las portadas de los libros de texto correspondientes.  Y finalmente les preguntaba qué dibujo harían para representar a la Geografía: invariablemente todos empezaban por enunciar un mapa, un Globo Terráqueo..., pero cuanto más pensaban en el asunto, más se desbordaba su imaginación y empezaban a mencionar las montañas y en general, los paisajes de la Tierra.

 

                                               El ejercicio es curioso: 1) no se necesita ser especialista en nada, para saber exactamente de qué trata esa especialidad; 2) y en relación con la Geografía, de inmediato se entiende que lo que la representa, en tanto constituye su objeto de estudio, es aquello que a su vez representa al espacio terrestre; esto es, el mapa, el Globo Terráqueo; aun cuando por influencia de la geografía fenomenista, luego se venga toda una confusión en donde la Geografía acaba siendo todo, y a la vez nada; y así, 3) el geógrafo es un especialista en Geografía, el cual podrá saber de todo, menos acerca de qué trata su propia especialidad; por lo demás, asunto que sí está claro para todos los demás, pero como el especialista en geografía los enreda con sus elucubraciones fenomenistas, finalmente nadie sabe que diablos es eso llamado Geografía.

 

                                               Pero quedémonos con el Globo Terráqueo como la representación del espacio geográfico en su conjunto, y con la transformación de su esfera en un plano en alguna Proyección Cartográfica.  Eso es lo que todo el mundo identifica como lo propio al saber geográfico de todos los tiempos.  Luego, por sólo poner este ejemplo, lo que el telescopio es al astrónomo (el instrumento para el conocimiento de los astros en el espacio cósmico); o lo que el microscopio es al biólogo (el conocimiento de lo invisible en tanto lo medible del espacio en micras), la Cata Geográfica o mapa es al geógrafo (el instrumento para el conocimiento del espacio terrestre; y, pudiéramos decir a su vez, siguiendo la analogía –y aquí hay un problema–, por lo tanto, aun cuando equívocamente, de lo que existe o es medible en ese espacio terrestre).  El ejemplo es un tanto difícil, induce un tanto a confusión (pero precisamente en plantearla y ver la diferencia está su virtud), porque si el astrónomo o el biólogo con sus instrumentos estudian no el espacio en sí, sino los objetos que observan en él; el geógrafo, con el mapa como su instrumento de conocimiento, sí estudia las propiedades del espacio como tal, y no los objetos en sí que existen en él, los cuales son sólo un medio para ello.

 

                                               De aquí se desprende toda esa dificultad histórica de comprensión del objeto de estudio de la Geografía; pero precisamente, ya del estudio del papel de su instrumental propio (el gnomon, la plomada, el astrolabio, la brújula, etc), devendrá la aclaración.