Geografía: sus Fundamentos Teóricos en la Filosofía Materialista Dialéctica. 4 Reinterpretación marxista de la historia de la geografía. a) Dialéctica de la contradicción principal, y la formalización teórica de la geografía.

13.03.2017 14:30

Geografía: sus Fundamentos Teóricos

en la Filosofía Materialista Dialéctica.

4        Reinterpretación marxista

de la historia de la geografía.

a)      Dialéctica de la contradicción principal,

y la formalización teórica de la Geografía.

Luis Ignacio Hernández Iriberri.

https://dimensionalidad.webnode.mx/.

31    ene 17.

 

4.  Reinterpretación marxista de la historia de la geografía.

 

a)       Dialéctica de la contradicción principal,

y la formalización teórica de la Geografía.

 

                                           En la Preparatoria aún, habiendo ya elegido la futura profesión, comenzamos a estudiar la historia de la geografía, incluso desde la biografía de sus personajes más destacados.  Así, fuimos encontrando la referencia de un Anaximandro, pensador materialista, discípulo de Tales de Mileto, miembro de la democracia esclavista, o de un Estrabón, pensador idealista, estoicísta, miembro de la aristocracia esclavista.  Hasta ahí, para nosotros, todo había sido identidad, no habíamos visto diferencia alguna; y ahí se nos presentaba ya la existencia de una geografía en el pensamiento de un geógrafo progresista (en el pensamiento materialista y parte de la democracia esclavista), y otro en el pensamiento de un geógrafo conservador (en el pensamiento idealista, y parte de la aristocracia esclavista).  Hasta ahí nos había parecido que sólo existía una misma forma de la geografía, pero ahora veíamos una diferencia, aun cuando ésta no iba más allá de expresar intereses sociales distintos.  No obstante, a poco, en esa diferenciación, a su vez, vimos la contrariedad.  La geografía de los geógrafos materialistas y de la democracia esclavista (Anaximandro Dicearco, Demócrito, Eratóstenes, Crates, Hiparco, Gémino, Marino, Ptolomeo), era “cartográfica” y físico-matemática; en tanto la geografía de los geógrafos idealistas y de la aristocracia esclavista (en realidad, historiadores y naturalistas identificados como “geógrafos” por la corriente idealista misma en esta ciencia: Herodoto, Hecáteo, Estrabón, Plinio, De Falera, etc), era, en consecuencia, “historicista” y “naturalista”.

 

                                           Más adelante, cuando ya leíamos la obra misma de Estrabón, su “Geografía”, en particular, sus Prolegómenos, nos encontramos con la áspera crítica de éste a “Eratóstenes y sus secuaces”, y la descalificación total de la geografía “cartográfica y matematicísta” de éstos.  Estaba expresada ahí la lucha no sólo entre dos formas de interpretar la geografía, sino de la forma de interpretar el mundo; del idealismo estoicísta (la filosofía oficial del Imperio Romano), contra el materialismo epicureísta; y el objeto de estudio, el método, el instrumental, y, en consecuencia, la función social, resultaban completamente distintas, al punto de evidentemente contradictorias, es decir, en negación mutua.

 

                                           Descubrimos, así, la contradicción histórica principal de la ciencia de la geografía.  Nuestro problema fue que en su seno, no veíamos al espacio como su categoría fundamental en disputa, sino al concepto de relación (incluso, peor aún, de esa relación calificada como “relación entre los fenómenos naturales y sociales”).

 

                                           De momento, con esa contradicción dialéctica de la historia de la geografía en las manos, nos dispusimos a la reinterpretación marxista de la historia de la geografía, por una parte, en su dialéctica propia entre las determinaciones internas y externas del hacer de la ciencia; y por otra parte, en los elementos de la formalización teórica de la ciencia (eso heredado a todo fundamento teórico de una ciencia por Euclides, conocido a su vez como la axiomatización de la ciencia); es decir, establecer el orden lógico, deductivo, de postulados, principios, categorías, leyes y teorías, que hacen el conocimiento riguroso de una ciencia.

 

                                           Ello es lo que establece la lógica interna de una ciencia, en la que no sólo se define un tipo de conocimiento específico, sino en donde el mismo conocimiento nuevo se deduce de los conocimientos dados anteriormente, y sólo se deduce de los conocimientos dados anteriormente, en un proceso de síntesis de los predicados (que su forma más elaborada en los avances de la lógica actual, también se establece como la síntesis de las variables independientes en la relación funcional).

 

                                           La veracidad de las hipótesis dadas en ese proceso deductivo (en donde el consiguiente lógico desempeña esa función de hipótesis), son las que se van traduciendo en leyes y teorías.  Este procedimiento general que se conoce como el método de la ciencia, es, hoy en día, total y absolutamente desconocido por el estudioso de la geografía; y no podía ser de otra manera, cuando, precisamente, no sólo hacia fines del siglo XX carecía de esa formación teórica, sino que aún más, con el análisis y reinterpretación marxista, se echaron las bases de ello, en el último lustro de este siglo, fue justo por ese fundamento filosófico dado en la dialéctica materialista, que la institución “oficial” de la geografía, en una trapacería oscurantista, plagió y destruyó el planteamiento dialéctico en una versión mecanicista, que derivó a los planteamientos del idealismo subjetivo de ese abigarramiento teórico del “neomarxismo”, el pragmatismo, el existencialismo y heredades del empirismo idealista; el “empirismo crítico”, el “pensamiento complejo”, el “pensamiento crítico”, el “marxismo crítico”, y otras diversas formas del “criticismo”, dado en la llamada ideología de la “posmodernidad”, que recurrió a una determinación externalista de la ciencia, y más precisamente dicho en su nueva concepción, de una determinación externalista del “saber”.

 

                                           Esto es, se había logrado una síntesis de los opuestos en la contradicción histórica principal de la geografía: la unidad de los opuestos entre “los fenómenos” y “el espacio”, sintetizados en la teoría del espacio como una función de la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta; esto es, como una función de los estados de espacio; pero una institucionalidad idealista burguesa profundamente reaccionaria, adecuándose a la nueva idea, desarticuló su dialéctica, y le dio un fundamento, ahora, al pasar al siglo XXI, en la versión más reciente y subjetivista del idealismo dado en la filosofía del “racionalismo crítico”, fundado por Karl Popper (1902-1994), derivado del positivismo lógico, pero surgido en oposición al mismo.

 

                                           En ello, Popper rechazo el reconocimiento de la verdad objetiva y el determinismo, y en su lugar planteó el relativismo extremo, e impulsó con ello el “convencionalismo” en el saber, en una “validación” en el “interdisciplinario” “diálogo de saberes” como determinación externa.

 

                                           Si bien los planteamientos de Popper venían contemporáneamente de la evolución del neopositivismo, positivismo lógico o “filosofía analítica del lenguaje”, su rompimiento con esa influencia y auge ya como su planteamiento propio, se dio en los años sesenta a setenta, dando lugar a lo que se denominó como la etapa del postpositivismo.  Pronto este sistema filosófico derivó entre los años ochenta a noventa, en una diversidad de corrientes “criticistas”, como una supuesta “crítica del saber”.  Si Popper en el origen aún reconocía el carácter hipotético de la ciencia (así fuese en la idea del falsacionismo), las corrientes “criticistas” que derivaron en esas dos últimas décadas del siglo XX, acabaron también deshaciéndose de toda noción hipotético-deductiva.  Así, en esencia, ese “criticismo”, concluyó, de hecho, en la anulación de la anulación determinista de la ciencia a través de su axiomática o estructuración formal de la ciencia.

 

                                           Con esta filosofía surgió, como consecuencia, el “interdisciplinarismo”, que le fue fundamentalmente valioso a la geografía de “los fenómenos”.  Ello, con todos los elementos antes mencionados, acabó formando la idea de los “diálogos de saberes” (incluso no sólo entre las ciencias, sino entre las ciencias y las no-ciencias).